POR LA DRA. ESPERANZA DE JESÚS GARCÍA AYALA

Dadas las extensas dimensiones de América Latina, Centroamérica, el Caribe y sus naciones, es necesario conocer la evolución de algunos de los programas educativos supranacionales implementados por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) en estos territorios. En concreto, la puesta en marcha del proyecto Metas Educativas 2021: la Educación que queremos se trata de un programa que abarca desde 2010 hasta 2021 y que busca impulsar una educación de calidad e integral en los países miembros de la OEI.

Como resultado de la alta inestabilidad sociopolítica y las elevadas tasas de analfabetismo de algunos países de Latinoamérica, cada vez es más necesario profundizar en una de las bases sobre las que se sustenta una sociedad: la educación de calidad favorece la estabilidad democrática y la garantía de los derechos humanos (Beltrán, 2007).

Algunos de los factores inherentes a esta problemática pueden ser los altos niveles de pobreza y la vulnerabilidad familiar y social (Carrasco & Torrecilla, 2013; Jelin, 2019; Sankey & Munk, 2022), todo esto se traduce en eminentes cifras de deserción escolar, lo que afecta en gran medida la vida laboral y social.

Asimismo, en ocasiones, el trabajo infantil presume la separación de estos niños de sus familias, al orillarlos a abandonar la escuela y a la exclusión social. En esta atmósfera, la educación de la infancia se ve desprovista, por lo que es necesario que los Estados promuevan políticas públicas que garanticen el acceso a la educación de todas las personas, sin importar su origen (Feline & Castillo, 2020; UNICEF, 2022b).

Es importante que todos los países latinoamericanos inviertan en la educación de sus pueblos, para poder combatir la pobreza y las desigualdades, y garantizar la igualdad de oportunidades (Neidhöfer et al., 2018). Para ello es necesario conocer los diferentes contextos en los ámbitos sociocultural, económico, cultural y educativo.

Arocena y Sobottka (2017), señalan que Latinoamérica se conforma de varias regiones caracterizadas por una alta diversidad cultural y sociopolítica, lo cual dificulta en gran medida la presentación de un contexto social común sobre el que se asiente el análisis de la situación educativa.

Por otro lado, Centroamérica tiene una región conformada por siete países, en los cuales se ha consolidado el proceso democrático, que ha dado lugar a un desarrollo social y económico de sus territorios. En estos países el turismo constituye un sector estratégico que se ha desarrollado en los últimos años gracias a políticas y estrategias nacionales; sin embargo, aún falta mucho por avanzar en las áreas sociales, políticas, medioambientales y educativas.

Por otro lado, Suramérica presenta un panorama más complejo, al tratarse de una región conformada por 14 países. A escala macroeconómica, en general, han avanzado en materia de estabilidad, lo que ha aumentado la calidad de vida en estos años. Los gobiernos han impulsado numerosas iniciativas relacionadas con la mejora de las condiciones tecnológicas, lo que ha incrementado el acceso a internet.

Los países de esta región siguen luchando contra la pobreza, que representa casi el 40 % de la población total de Latinoamérica (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2019). En el plano educativo se puede recalcar el aumento de la cantidad de escolarización, pero aún existen grandes brechas de acceso y finalización de estudios; tanto es así que 12 millones de niños de entre 7 y 18 años están fuera del sistema educativo, según UNICEF (2022a).

En algunos casos, algunos organismos están muy influidos por instituciones financieras, lo que ha originado que en ocasiones las inversiones educativas puestas en marcha no estén orientadas a mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, sino que la educación se convierta en un mero campo de inversión más (Burgos, 2019), ya que a través de la producción teórico-política legitiman un sistema ideológico y unas prácticas discursivas hegemónicas ligadas al neoliberalismo y al capitalismo (Santarcángelo et al., 2017; Dev, 2017). Es decir, buscan formar trabajadores productivos en un sistema neoliberal.

A pesar de que el derecho a la educación ha podido evolucionar durante la última década, queda de manifiesto la presencia de grandes desigualdades sociales y educativas en estos territorios. Prueba de ello es que el abandono escolar en Argentina, Chile y Uruguay es más elevado en los sectores de menores ingresos. A su vez, preocupan las cifras de menores no escolarizados en Centroamérica y el Caribe, que también se han visto afectadas de forma negativa.

De igual modo, la tendencia educativa mundial de aumentar los años de escolarización obligatoria también ha de ser considerada en Latinoamérica.

En conclusión, se puede señalar que la OEI y sus Metas 2021 para liderar el compromiso de los Estados-nación con la educación, encabezan los procesos de cambio desde una posición autoritaria y opaca, en la que la ciudadanía no tiene posibilidad de participar activamente ni tampoco de pedir rendición de cuentas.

En este sentido, el futuro de los países latinoamericanos parece pasar por posicionarse en el siguiente dilema: hacer resistencia a estos organismos o asumir sus políticas (y sus inversiones), o convertirse en medios de difusión ideológica neoliberal.

Mientras se resuelve esta cuestión, los desafíos históricos no solo persisten (violencia, migraciones, inflación, inestabilidad política…), sino que se acentúan. Por ese motivo, es urgente poner en discusión el modelo de gobernanza político-educativo que desea la ciudadanía mediante un proceso democrático en toda Latinoamérica, así como replantear las políticas públicas en dicha materia, para propiciar la reflexión y establecer marcos de interpretación de la realidad educativa en toda la región e impulsar grandes proyectos de cooperación internacional en educación.